Consumo de drogas y gustos dietéticos.

El filósofo español FERNANDO SAVATER habla de “normalidad despenalizada”

“Penalizar el consumo de drogas en una sociedad democrática es tan injusto como prohibir la pornografía, la heterodoxia religiosa y los gustos dietéticos”, escribió el filósofo español Fernando Savater en una de las diez tesis que publicó en l987 en el diario madrileño El País.

Para el escritor, es necesario llegar a una situación final de “normalidad despenalizada’’, que será preciso difundir en todo el mundo.

El filósofo español presenta diez tesis que, según explica, pretenden servir para orientar el necesario debate sobre el llamado problema de las drogas. Savater explica, además, que generalmente cuando se discute sobre drogas, “no se habla de lo realmente importante: sus posibilidades como fuente del placer o derivativo del dolor, como estimuladoras de la creatividad, como potenciadoras de la introspección y del conocimiento, en una palabra, sus aspectos de auxiliares válidos para la vida humana, en cuyo concepto han sido consumidas durante milenios, son consumidas hoy y lo seguirán siendo”.

  • La primera tesis que plantea el autor español, explica que la historia de las drogas es tan larga como la historia de la humanidad, y paralela a ella. Todas las sociedades han conocido el uso de las drogas; las han utilizado abundante y destacadamente, a veces ligadas a rituales sacros; las han adorado y temido, y hasta han abusado frecuentemente de ellas. Y agrega “Lo específico de tener conciencia es querer experimentar con la conciencia”.

  • En la segunda tesis, Savater sostiene que, como la base de la democracia moderna radica en la libertad de opción política, expresión, información, indagación, realización artística religiosa o sexual, el derecho jurídico de habeas corpus hay que extenderlo a todos los aspectos de la libre disposición por el individuo de su cuerpo, de sus energías, de su búsqueda de placer o conocimiento, de su experimentación consigo mismo, incluso de su propia destrucción”.

  • En su tercera tesis, Savater define como ‘ïnjusta, inútil y dañosa la prohibición de las drogas”. Penalizar el consumo en una sociedad democrática, es tan injusto como prohibir la pornografía, la heterodoxia religiosa y los gustos dietéticos. También hay que decir que es algo tan inútil y dañoso como cualquiera de las otras prohibiciones. A la vista está.

  • “El problema de la droga es el problema de la persecución de las drogas”, define Savater en su cuarta tesis. El peligro estriba en su prohibición, su adulteración, la falta de información sobre ellas y de preparación para manejarlas, las actitudes anómalas que suscita frente al conformismo, el gangsterismo que las rodea.

  • En la quinta tesis Savater  asegura que “la persecución contra la droga es una derivación de la persecución religiosa”. Y explica que las drogas siempre fueron perseguidas por razones religiosas: aunque antes se les reprochaban sus aspectos orgiásticos, hoy se les cuestiona los que causan en el cuerpo  y en la disciplina laboral.   “Se fomenta, así, un miedo al espíritu y un miedo al descenso de la productividad”. Naturalmente, hay drogas  que pueden ser peligrosas (tanto como el alpinismo, el automovilismo o la minería) y dañinas (como los excesos sexuales, el baile o la credulidad política, nunca tanto como la guerra). Hay gente que ha muerto, muere y morirá por causa de las drogas, pero recordemos que la vida que pierde es suya, no la del Estado o la comunidad, y que su muerte puede deberse no a la sustancia misma que desea tomar, sino a su adulteración, la falta de información o formación en su manejo o al hampa que rodea el tráfico de drogas a causa de su prohibición.

  • La sexta tesis se refiere a la rehabilitación de los drogadictos. Savater explica que la sociedad les debe ofrecer respuestas a quien quieren abandonar sus manías, como a todo el que desea divorciarse, cambiar de religión, modificar su sexo o renunciar al terrorismo. “La sociedad está para ayudar en lo posible a los individuos a realizar sus deseos y rectificar sus errores, no para inmolarlos punitivamente a los ídolos de la tribu”.

  • “A veces se hace equivaler la despenalización de las drogas a legalizar el crimen, la violación o los secuestros”, enuncia Savater en su septima tesis. Pero nada puede ser más distinto, pues estos delitos tienen como primer objetivo el daño a otro en beneficio propio, mientras que ninguna droga es, en sí misma, un mal, sino que puede llegar a serlo por las circunstancias de su uso. El único argumento plausible contra la despenalización no es en realidad tal, sino la constatación de una dificultad para  llevarla a cabo.

  • En la octava tesis, el autor  cuestiona a aquellos que presentan como argumentos, las pérdidas económicas que causan la drogadicción: horas de trabajo perdidas, muertos por sobre dosis y gastos que producen los drogadictos que quieren rehabilitarse. Las adecuadas tasas impositivas de los productos hoy descontrolados en el mercado negro podrían subvenir a estas necesidades, retribuyendo el beneficio que hoy sólo lucra a unos pocos.

  • El argumento de la incidencia de las drogas entre los jóvenes, sobre todo en los más desfavorecidos socialmente, es cuestionado por Savater en su novena tesis. “En primer lugar, agrega, hay que decir que la razón de esta extensión  es la prohibición misma y el negocio que procura, motivo por el cual los traficantes quieren extender su mercado entre personas más ingenuas, más atrevidas y más capaces, por lo emprendedor de su edad, de hacer cualquier cosa para conseguir las enormes sumas que quieren sonsacarles”.

  • En su última  tesis, Savater explica que aunque se asegura que las drogas  causan la degradación moral de la población, el planteamiento de esta situación admite varios modelos. Los moralistas, asegura el escritor, muestran un inmenso desprecio por la libertad humana, base de su dignidad: como ante la droga nadie puede ser libre, la única forma de garantizar la salud moral del pueblo, es retirar la ocasión de pecado. La base de cualquier propuesta moral, explica,  que es precisamente el dominio de sí, no merece ni estudio: estamos condicionados por la irresistibilidad del mal.

Por último,  Savater expone lo que define como un  “llamamiento final”, en el que plantea: “Nuestra cultura, como todas las demás, conoce, utiliza y busca drogas. Es  la educación, la inquietud y el proyecto vital de cada individuo el que puede decir cuál droga usar y cómo hacerlo. El papel del Estado no puede ser sino informar sobre cada uno de los productos, controlar su elaboración y su calidad, y ayudar a quienes lo deseen o se ven damnificados por esta libertad social. Es necesario difundir la postura “despenalizadora”, y procurar adoptar medidas conjuntas. Como no cabe duda de que más tarde o más temprano habrá que llegar a ello, lo mejor será comenzar cuanto antes”.