El mundo perdió la guerra contra la droga.

"Lo que pasa es que en Brasil tenemos presos que son millonarios y carceleros que apenas ganan un sueldo básico", bromea Helio Jaguaribe antes de ponerse serio y analizar el estallido de violencia en San Pablo, dirigido desde la cárcel por el capo narco "Marcola".

¿Qué explicación le encuentra a lo que pasó?

Primero, que Brasil dejó, por inercia y por otros motivos, que se formase, alrededor de sus principales metrópolis, un inmenso cinturón de miseria, de analfabetismo.

Segundo, que el narcotráfico percibió que esas poblaciones presentaban condiciones favorables, las infiltraron totalmente y encontraron en las zonas marginales refugio y militantes.

El narcotráfico logró tener un ejército que prácticamente corresponde a la casi totalidad de los habitantes de las periferias. Si se pierde un narcotraficante, la periferia producirá decenas de sustitutos inmediatamente.

Ese cuadro da miedo.

Es gravísimo. Es un problema nacional que tiene que ser enfrentado por una combinación de fuerzas nacionales, provinciales y municipales con un programa que tenga dos dimensiones.

Una que incluya políticas de empleo, educación, vivienda y salud para el cinturón periférico.

Esto requiere un censo muy detallado para saber quién es quién y para poder darle el adecuado tratamiento a cada uno: unos tendrán vivienda y otros, cárcel.

¿Y la otra dimensión?

Es la más complicada porque, dadas las proporciones de las cosas en Brasil, para resolver esto habría que invertir un 3% del PBI de Brasil, es decir 21 mil millones de dólares.

La capacidad de hacer esto existe pero la voluntad política no. Pero hay otro punto que no es menos grave y es que el mundo perdió la guerra de la droga y se resiste a reconocerlo.

¿Entonces no hay salida?

Sí hay. Así como Estados Unidos decidió legalizar el alcohol cuando vio que había perdido la guerra de la "Ley Seca", sólo se conseguirá eliminar el poder infinito del narcotráfico mediante la legalización de la droga.

El problema es que hay muchos intereses que traban esto.

Entre otros que en la droga el policía y el bandido son cómplices.

Por eso las medidas contra la droga no las puede tomar un solo país.

Tiene que ser una decisión política, por ejemplo, de los presidentes del Mercosur, basada en las conclusiones a las que llegue un grupo de científicos de todo el mundo, convocado a una gran conferencia internacional sobre los pro y los contras de ese tema.

 

Clarín, 21 de mayo de 2006