Sobre el Abordaje de
la problemática de las drogas
Lorenzo Tartarotti alerta
acerca de la comunicación “anti-droga”, fundada en la
prohibición o la amenaza, ya que ella contiene en sí un desafío
o provocación. Se busca “controlar”, asustando.
Por eso aparece como necesario
a la actividad preventiva, analizar los discursos sociales. El
discurso social va agregando propiedades a un objeto hasta
convertirlo en sujeto, capaz de hacer mal.
En general, el discurso
preventivo: 1- Hace hincapié en lo individual y familiar más que
en lo social, 2- La droga aparece como un estatuto activo y 3-
Se estigmatiza y estereotipa personas y conductas.
Valgan, aquí, algunos ejemplos:
“La droga mata”: la droga
aparece como un sujeto activo y el sujeto, como pasivo.
“La droga te atrapa, no lo
permitas”: la droga como perseguidora de alguien prácticamente
indefenso.
“Droga o vida”: es decir, la
droga aparece como sinónimo de muerte. Esto es una premisa
falsa, y que por tanto falseará el discurso preventivo.
Los valores que se el adjudican
al “objeto-droga”, colocan a este como un flagelo, como algo
mortal, y al drogadicto como un enfermo, que muchas veces no
puede escapar al “enemigo”
El discurso que parte de la
droga es un discurso que acuerda con el encubrimiento, porque
pone en el olvido y tapa todos los problemas individuales y
sociales, que con el uso de la droga, el sujeto enmascara.
El discurso se vuelve
ambivalente: multiplicar el discurso de la droga es
promocionarla: Vaer, Vinelli y Costanza dicen: “Por donde el
discurso de la droga pasa, la droga queda”
Objetivos de la Prevención:
la salud
Entendemos la salud como una
búsqueda incesante de la solución de los conflictos que plantea
la existencia.
Lo saludable no es un estado
perdurable, sino un tránsito permanente-
El sistema social es quien
procura y promueve, paradójicamente, el consumo de drogas que
sin ser necesarias para la vida, pueden convertirse en
imprescindibles para el consumidor: hay quienes por un lado
buscan evitar el dolor y el displacer y hay quienes buscan
experimentar intensas sensaciones placenteras.
El más efectivo de los métodos
para producir tal modificación, es el químico. Existen
sustancias extrañas al organismo cuya presencia en la sangre o
en los tejidos proporcionan directamente sensaciones
placenteras, modificando, además, las condiciones de la
sensibilidad, de modo que impiden percibir estímulos
desagradables.
Otro procedimiento para evitar
el sufrimiento es una toma de distancia de la realidad,
considerándola a esta última como enemiga, fuente de todo
sufrimiento que torna intolerable la existencia y, por
consiguiente, es preciso romper esa relación. Esto está
íntimamente ligado a la intoxicación, ya que muchos consumidores
optan por esas sustancias para evadir una realidad que les
resulta imposible de soportar.
Freíd dice en “En el malestar
de la cultura””, que el sufrimiento nos amenaza por tres lados:
desde el propio cuerpo, condenado a la decadencia y a la
aniquilación; desde el mundo exterior, capaz de encarnizarse con
sus fuerzas destructivas,; por las relaciones con los otros
humanos . El sufrimiento que emana de ésta última, quizá, sea el
más doloroso.
Y sigue diciendo: “Cada uno
debe buscar por sí mismo la manera en que pueda ser feliz”
La intervención en el ámbito
escolar
A esta altura, cabría
preguntarnos si la intervención preventiva escolar es posible.
Podemos adelantar que es un proceso largo, de avances y
retrocesos, que demanda cambios graduales de crecimiento
institucional, grupal e individual. Las mayores tentaciones son
la rigidez y el asistencialismo.
A nivel de la comunidad escolar
existe una presión evidente de exigirles a los alumnos
resultados tangible. Se plantea una falsa antinomia entre “lo
pedagógico” y lo “preventivo”.
Los abordajes inadecuados
consisten en la realización de acciones puntuales y
descontextuadas, de las conferencias a cargo de expertos, de
acciones de los alumnos sin el trabajo previo con los docentes
(clases especiales), yuxtaposición de diversas respuestas o
modelos de salud y abordajes cerrados.
La cosa es preguntarnos:
¿Cómo crear espacio saludables para docentes y alumnos?
Una forma errada de intervenir
es hacerlo desde la posición bélica de “lucha en contra de…” La
posición adecuada es la que concibe a la salud como un proceso
constante de resolución de conflictos que posibilite la
producción de proyectos que se dirijan no “en contra de”, sino a
favor de una mejor calidad de vida.
Este tipo de proyecto que surge
como elaboración en común, nos compromete a protagonismo y a la
participación. No se trata de una transmisión vertical de
información, actitudes y valores, sino de una producción de
grupo.
Es necesario promover
protagonismo por parte de todos los actores sociales, buscando
desarticular prejuicios, y favorecer actitudes comprometidas
para la resolución de conflictos.
Por tanto, la tarea de promover
salud en la escuela, implica interrogarse sobre la salud de la
propia institución y darse a la tarea de recuperar el
protagonismo docente en el diseño de la tarea pedagógica,
recuperar la relación con los colegas, alumnos y padres, crear y
defender espacios para planificar y evaluar con criterio
auténtico y compartido, elaborar proyectos didácticos que den
participación activa a los alumnos e inventar nuevas formas de
organización para implementar estas tareas saludables.
Para terminar, actualmente, si
queremos hacer algo en el campo social, tenemos que tener
política de juventud, tenemos que tener políticas de empleo,
tenemos que tener políticas de interacción comunitaria, de
apertura escolar. Es decir, que esta lucha no es contra la
droga, sino por la humanización del hombre, por el respeto de
sus derechos, por el bienestar de la persona.
Las drogas no hacen sino ir al
sitio donde son necesarias. Son como tapones que se sitúan en
los agujeros que aparecen en la personalidad.
La droga es el consumo de los
consumos, porque permite imaginar cosas que la realidad de los
objetos no permite. Para quien las consume, tienen todas las
posibilidades de su imaginario, es un calidoscopio que no
termina nunca. En un mundo sin sostén, las drogas aparecen como
sostén, porque sostienen el imaginario colectivo. Las drogas no
originan los problemas sociales, los complican- Los problemas
sociales potencian el gran consumo de drogas.
La lucha por la salud es la
lucha por la liberación, no contra la enfermedad sino contra los
factores que genera y refuerzan el consumo de drogas y no es
anticipar, evitar que algo suceda, no es ser el administrador de
bienestar y salud ni proveedor de modelos, ni etiquetadotes se
poblaciones de riesgo.