La Drogadicción y el
Fortalecimiento del Sistema de Prevención Continua.
El Siglo XXI no solo muestra avances en cuestiones
informático-tecnológicas entre otras áreas de desarrollo, sino
también, registra en lo que va de su corta trayectoria una
lamentable estadística in crescendo en materia de adicciones.
Dentro del
complejo universo de las adicciones es notable el incremento del
consumo de las drogas socialmente permitidas, como lo son el
alcohol, el tabaco y algunos psicofármacos.
Estas son el
trampolín que los menores y la juventud emplean para luego
lanzarse al abuso de tóxicos ilegales, a la delincuencia y a la
violencia sin escrúpulos.
Desde un espacio
de estudio y análisis de este fenómeno mundial, la pregunta
abierta es ¿para qué se acude a sustancias o practicas adictivas
? ¿qué se busca? ¿qué se encuentra?
En este planteo del problema se puede advertir claramente que
hay una primera parte de efecto inmediato: desprendimiento de
una realidad ingrata y escape hacia otro estado de satisfacción
ilusorio.
Puede tratarse de
euforia, alegría, desinhibición y sensaciones placenteras que
transcurren cada vez mas rápidamente – así nos va encadenando la
adicción, hasta despojarnos de toda voluntad y moralidad. En una
segunda parte: El adicto no se advierte esclavo aunque sufra
cada vez peor, ni anida en él la esperanza de cortar su
padecimiento, porque se ha convertido en un ente sin voluntad y
sin amor.
Padres que día tras día, sienten perder la vida de sus hijos.
Hijos que sufren abruptamente la desintegración de su familia.
Barrios que pierden la seguridad de sus calles y plazas.
Ciudades que se debilitan, gobiernos que se corrompen, así el
ciclo es interminable y hay una sola forma de detener esto:
SABER CÓMO.
El 2010 recién comienza y con él todo un espacio de
oportunidades para decidir si continuamos como simples
espectadores ante este flagelo de la drogadicción, sus efectos y
consecuencias, esperando que “alguien haga algo” o asumimos la
responsabilidad de capacitarnos para actuar fortaleciendo al
sistema de prevención continua.
Esta probado que no se trata sólo de hacer, sino de saber
hacerlo y hacerlo bien. Hemos verificado que muchos
profesionales sin capacitación en este tema ocupan la atención
de la ciudadanía hablando de las drogas, detallando tipo de
drogas, sus efectos y composición, y lo hacen en nombre de la
prevención – este error es frecuente – mas que prevención están
haciendo promoción.
Prevenir es
educar, informar y capacitar para poner en práctica las medidas
que impiden la aparición de la droga y fortalecen los hábitos
saludables en los grupos de riesgo (niñas, niños y
adolescentes).
En prevención no
es necesario ni relevante hablar específicamente de las drogas,
sino de cómo y para qué evitarlas.
Todos los
adultos, cualquiera sea nuestra función social, profesión o
actividad, somos co-responsables en mantener el estado de bien
común de nuestro barrio y ciudad. La seguridad de salir y
caminar tranquilos es un bien común.
La tranquilidad
cuando nuestros hijos y nietos están en la calle, es un bien
común. Que puedas hacer uso de tus bienes sin temor de perder la
vida, es un bien común. Así como todo aquello que sin ser tuyo
ni mío, se considera nuestro y de todos; mis hijos, tus hijos,
mi gente tu gente, “nuestro barrio”, “nuestra ciudad” es un Bien
Común.
Lic. José Luís
Zamora
Estrategias de prevención
Toda tarea que impide la iniciación de un proceso, o detiene dicho
proceso, será siempre más importante que la que se debería realizar
si un fenómeno estuviese ya avanzado. Por ello, toda intervención
preventiva debe tener prioridad sobre la asistencial.
Pero esta intervención será posible si se la enfoca desde una perspectiva
adecuada. Y ésta tiene comienzo si se tiene una ideología adecuada
que generará una actitud y las acciones a seguir.
Los mecanismos sociales e institucionales que la sociedad pone en
funcionamiento para resolver o controlar el fenómeno de las drogas
tienen que ver siempre con las representaciones sociales y culturales
que sobre la droga crea el imaginario social, como, por ejemplo:
droga=juventud=delincuencia=enfermedad=contagio=flagelo, etc.
Las drogas son vividas como una
amenaza y satanizadas. Es lo que llamaríamos, el fetichismo de la
sustancia.
Pensamos que este tipo de imagen no está basado en datos objetivos
sobre la auténtica realidad de este fenómeno; está teñido con un
alto nivel de emotividad y basada en concepciones estereotipadas,
cuando no distorsionadas que tienden a producir angustia y parálisis.
Y los medios de comunicación tienen mucha responsabilidad en ello.
Para la gran mayoría de la población,
incluidos los consumidores de drogas, las drogas se delimitan, se
definen y causan los efectos que los medios de comunicación determinan.
Un dato curioso, por ejemplo, que no remarcan estos medios, es que
los auténticos problemas de salud pública provienen más del tabaco,
alcohol y medicamentos que del consumo de las “otras drogas”.
Un programa de prevención, no tiene porqué centrarse en el problema
del consumo.
Muchos programas empobrecen sus
estrategias y contenidos, reduciendo su trabajo a una monótona descripción
de las sustancias psicoactivas, a su composición, efectos y consecuencias.
En nuestra experiencia, podemos decir que la información es ineficaz.
Estamos, pues, hablando de prevención inespecífica, es decir, aquella
que no implica alguna información sobre drogas, sino que tiende
a mejorar el sistema sociocultural y crear un clima adecuado para
el crecimiento y el bienestar.
Lic. Tadeo Karwala – Asesor Científico
Asociación Civil Calidoscopio
Los medios de comunicación y las
drogas.
Uno de los elementos del gran fenómeno de la post-modernidad, es
el de los medios de comunicación.
Como en un inmenso video clip, noticias, telenovelas, programas
culturales, y de salud, cuadros cómicos y películas, se
entremezclan con mensajes y propagandas, en un indiscriminado
espectáculo en el que un pasivo receptor, sin ningún compromiso
intelectual y ni siquiera, emotivo, se convierte en un goloso
consumidor de la gran verdad, la suprema verdad, la
verdad de la TV. Lo que no aparece en la pantalla de los
televisores, en los diarios, en las revistas, no existe.
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